Hay un corazón roto, otro que se cura, uno sin vida, otro muriendo, uno negro de coágulo, otro de sangre que burbujea...
Aurículas y ventrículos sin nombres y mezclados hasta no tener dueño.
Y tus estertores filtrados a través de mi forzada indiferencia,
mi consuelo destruído, la distancia de una puerta, de un muro, del aire.
Nada.
Solo corazones.
Y no, no son mis lágrimas esta vez las que surcan mi rostro.
Son las tuyas.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Tus lágrimas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario