Y cuando me di cuenta, era domingo por la tarde.
Recuerdo los veinte segundos del final,
el último contacto de tu mano,
tu última mirada de deseo,
a tu mujer, tu esposa, tu princesa...
Y de nuevo una caída en espiral
-qué alto está este torreón-,
qué rápido se enfría la piel,
se pudre la carne,
qué deprisa te sientes desnuda con esa ropa...
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