Es cierto.
La humedad de mis mejillas me sorprendió,
porque hasta ese momento todo me parecia correcto,
terrible,
pero correcto.
Luego no supe como explicarlo,
palabras,
qué inutil.
Me llamaste valiente,
no lo recordarás porque no lo dijiste,
pero pasó.
Y yo era incorpórea en tus manos,
una madeja de órganos gelatinosos,
sin dónde sostenerse.
Vi tu sonrisa incisiva y tu dedo,
sobre uno de ellos,
de ahí surgia mi llanto.
Si aún hubiera tenido ojos te habría mirado,
y habría visto esa lágrima,
pero yo aún...
Aún...
viernes, 12 de diciembre de 2014
Nueva incisión
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario